lunes, 2 de julio de 2012

Palabras de Liderazgo




Operacion Jaque

   Modelo de Comunicación
El modelo fue el emisor / receptor la estrategia fue el ruido para aplicar todo el conocimiento adquirido por más de 20 años, como decodificar mensajes, así confundir a los lideres, basado en ruidos reales en las comunicaciones.


Que investigaciones hacen en relación al modelo de comunicación utilizado

Los años de experiencia en la investigación y los descubrimientos de su entorno, todo esto sirvió para hacer lo rutinario como algo normal dentro de este tipo de operaciones, símbolos como los de cruz roja, reporteros, cámaras de televisión, y toda una capacitación, como actores, saber fingir las voces y códigos conocidos de los operadores, actuaciones de teatro, defensa personal etc.

Para qué sirve el modelo de comunicación

Objetivo principal confundir a los rebeldes al interceptar las comunicaciones haciendo creer la existencia de una comunicación entre los dos líderes y amigos de confianza, esto los llevo a que cada paso del plan se llevara a cabalidad, ya que los secuestrados debían trasladarlos de un lugar a otro, caminando  distancias largas  hasta juntar a todos para realizar el plan de rescate.

miércoles, 27 de junio de 2012

Caso de Dominos

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Comunicación en un mundo cambiante

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Pensar la Comunicación

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Funerales mama Lic. Estuardo Zapeta

martes, 29 de mayo de 2012

FUNERALES MAMA GRANDE



Estuardo Zapeta


                Mi madre murió el miércoles por la mañana, muy temprano, “si vas a hacer algo, hacelo temprano, así te queda tiempo para otros oficios . . .” nos aconsejaba ella cuando niños. Hasta para morir hay que apurarse, decía.

                Secundina Zapeta López nació en El K´iche, en una aldea, La Estancia de la Virgen, muy cerca de Santa Cruz, hace casi 92 años.

                Indígena. Analfabeta. Trabajó muchos años de sirvienta. Luego de cocinera en el Comedor Infantil, obra de las Primeras Damas, y en otros fue comerciante y vendedora. Excelente negociante, por cierto. Sus cuentas las hacía con granos a los que asignaba un valor vigesimal. Siempre quiso estudiar como sus hermanos, pero “la escuela no es para las mujeres”, le decía su mamá. “Las mujeres son para la casa, para el oficio.”

                De niño me daba vergüenza que siquiera supieran que “Doña Cunda” no sabía leer ni escribir, que su firma era una huella digital que imprimía frente a todos. Yo quería que la tierra me tragara. Luego, aprehendí que esa era la realidad no sólo de mi mamá, sino de miles mujeres indígenas como ella, y “me nació la conciencia.” Me hice Antropólogo.

                Tenía yo unos cinco años cuando me llevó a la escuela Federal. Yo había hecho berrinche para ir a estudiar. Me agarró de la mano, habló con la Seño Fidelina, y le dijo, “el patojo quiere estudiar pero está muy chiquito, pero se lo dejo, si no le hace caso péguele, Seño.” Nunca me pegaron. Siempre fui abanderado, un orgullo que ella recordaba con una fotografía de cada desfile, feria o Independencia su expectativa era “mi patojo lleva la bandera.”

                “Nadie te va a regalar nada, lo que querés vos lo tenés que hacer,” sentenciaba, mientras despotricaba contra los “huevones” que hacían huelga o protestaban. “Qué son esas plantas de gente que no busca oficio. Dios nos libre de los cebones . . .”

                Estas líneas las escribo desde el Aeropuerto, mientras espero abordar el vuelo para ir a enterrarla. Cuando gané la primer beca Fulbright ella me vino a dejar a este lugar. Sacó de una bolsita de plástico 20 dólares, no sé cómo los consiguió, y me los dio. “Que te sirvan para algo,” me dijo. Como hoy, ese día con los 20 dólares en la mano lloré. “No le puedo fallar,” dije cuando despegaba el avión hacia Iowa, de donde dos años y medio después me gradué de periodista. Y desde entonces uso el Zapeta, mi segundo apellido, como la marca que ella me impuso como hombre, como ciudadano, como hijo. “El nombre es lo más grande que tenemos,” decía. “Si lo perdés, mi´jo, no importa qué ganés que ya perdiste todo.”

                El plan con mi hermana María Elena era que mamá llegaría de Tucson a Guatemala el jueves. Ya todo estaba listo para que viajara. Yo estaría aquí, en el aeropuerto, para recogerla a ella y mi sobrino que la acompañaría.

                Ese el plan para el jueves. Murió miércoles muy temprano. Soy Zapeta por una mamá grande . . . que ahora voy a enterrar. “Dios dio, Dios quitó, sea el nombre de Dios siempre bendito.”